El Consejero de Cultura y Turismo, se complace en invitarles
a la inauguración de la exposición:
Que tendrá lugar el próximo jueves 19 de Noviembre de 2009, a las 20.00h en el Archivo General de Murcia (Avd. de los Pinos, 4)
Del 19 de Noviembre 2009 al 8 de Enero 2010.
En esta primera incursión nos aproximamos a la obra de Antonio López Mateo (Cartagena, 1959). Autor que, mediante una contemplación inmediata y proporcionada, nos introduce en territorios de búsqueda, de indagación personal. Es esta idea fundamental, la experiencia vital, la

que convierte el transcurrir diario de Cuba en centro neurálgico de sus reflexiones. Bajo su mirada, disecciona todas las partes de ese universo cotidiano para las enunciarlas de una forma clara. Por lo tanto, todo su proceso creativo tiene como intención prioritaria documentar, íntimamente, su propia experimentación de esa cultura, con lo que la obra resultante es una rememoración de sí mismo –él siempre aparece en sus manifestaciones-. No obstante, como es consciente del acto anímico que produce (o puede producir) la observación de sus fotografías –ya que suelen ser ejemplos turbadores-, no cierra la interpretación de la imagen de forma taxativa y deja una puerta abierta para el análisis libre e individual de la misma. En definitiva, López Mateo construye y reconstruye la realidad de forma autónoma, a la vez que facilita que el sujeto-espectador, encuentre en su estructura el mundo que desea (o añora) desde su subconsciente. Se trata, pues, de un trabajo personal que trasciende a lo global.
Este autor entra en contacto con la fotografía en su niñez y se forma en el taller Martínez-Blaya, centro propiedad de su familia. Así, aprende las formulaciones del laboratorio y estudia junto a su abuelo, Antonio López Pérez, y su padre, José López Ruiz. En 1983, empieza su carrera como profesional dentro del mencionado estudio, en el que mantiene la tradición fotográfica hasta la actualidad (actividad que alterna con su labor de técnico de fotografía del Centro Histórico Fotográfico de la Región de Murcia, CEHIFORM). Junto a su ejercicio profesional, desde los primeros años de la década de los ochenta compagina ésta actividad

con una fotografía más personal, labores que se inscriben en el discurso documental contemporáneo. En este aspecto, su contacto con la Asociación Fotográfica de Cartagena, AFOCAR, en 1983, incrementa esta faceta creativa, que viene marcada por la corriente documentalista que se practica desde las filas de la mencionada agrupación -discurso narrativo que va a caracterizar toda su obra-.
Fruto de su excelente desarrollo y de su importante formación es el trabajo que presentamos, “Cuba Tercer Milenio” (proyecto que pertenece a la serie “La Habana fin de siglo” 2000-2006), con el que iniciamos este nuevo rumbo de extensión de la fotografía más emergente.
Centro Histórico Fotográfico de la Región de Murcia CEHIFORM
Cuba es uno de los escasos países del mundo sin publicidad comercial. No hace falta. Todo el negocio va a parar a un solo dueño: el estado, que tiene poco que vender y menos intención o necesidad de atosigar al consumidor para que compre lo que no necesita.
Pero queda inventar algo que poner en las paredes. Desde tiempos egipcianos, los jeroglíficos demuestran la compulsión de los humanos por decorar. En comercios, bares y otros lugares suficientemente barrioteros y pequeños para estar dejados de la mano de la burocracia, la ausencia de una publicidad elaborada se suple localmente. Administradores y horteras, en silenciosa complicidad con anónimos pintores, diseñadores y rotulistas, pintan libérrimamente lo que se les ocurre, siempre con colores intensos y vivos. Es un arte popular y vernáculo lleno de simpáticos excesos.
Alejo Carpentier hablaba de la necesidad de un estilo barroco para suplir la carencia de palabras que padece el castellano a la hora de describir la enorme exuberancia del nuevo mundo americano; también a la hora de representarlo. Probablemente sin haberlo leído, el decorador del pequeño comercio cubano sigue a pie juntillas la teoría de lo real maravilloso de este escritor.
El fotógrafo Antonio …………...llegó desde

Cartagena, ciudad de rancia prosapia fenicia, que me recordó la Habana de mi niñez. Allí lo conocí. A media mañana fuimos a tomar una cerveza a la taberna “La uva de Jumillana”, un lugar popular y sin lujos que no pretende más que servir buen vino. En Cuba, fiel a si mismo, también se alejó de los lugares para turistas y frecuentó los pequeños antros, las viviendas, los comercios más populares, las calles; donde quiera que el pueblo desarrolla su peculiar sentido de la vida, al que se acerca con indudable simpatía. Sería otro cubano más si no fuese por su capacidad de asombrarse ante lo visto.
Puede ser el arco colonial que forma el letrero gótico de una tienda de víveres improbablemente llamada “El Bancario”, cuya lectura conduce la vista hasta un teléfono tragamonedas; la gran pintura mural que representa un Nueva York con luz y colores tropicales en un bar casi desierto; el Sol con gafas que enamora a una pizpireta Luna las 24 horas del día o el lumínico al que, como siempre, le faltan tantas letras que es imposible adivinar que quiso poner una vez. Las obras son guiños cómplices que se hacen el fotógrafo y los anónimos autores de estás decoraciones, se expresan unos a través del otro. También retrata un arte popular que pudiéramos llamar casero, como esa especie de altar donde coexisten pacíficamente dos ancianos televisores ex soviéticos y decenas de botellas de ron, fotografías y muñecas, o los altares a Changó en su personificación católica de Santa Bárbara, símbolo de una devoción a tamaño natural que ocupa la mitad de una modesta vivienda.
El fotógrafo busca el barroco también en las gentes: mulata teñida de rubio, generosos escotes que exhiben una amplitud de formas admirada abiertamente por acá y, con cierto disimulo, por allá; en el color y los reflejos de las vidrieras o en una agrupación de todopoderosas bicicletas en la playa. Son fotografías basadas en una exacta e imprescindible sensibilidad para la composición y el color.
Hay algo llamado cubanía, cualidad elusiva e intangible que, sin embargo, da una característica propia al arte de la Isla. Antonio ………… no solo ha sabido descubrirla sino, para suerte nuestra, también la ha retratado.
Enrique de la Uz
Escritor y Fotográfo Cubano.