2009-05-26

Principios fotográficos

Todo tiene un origen y un por qué…Justamente, desde el 2007 el CEHIFORM está propiciando unos recursos adecuados para cada una de las necesidades que tienen los practicantes de la imagen en general. En este aspecto, se fomentan fórmulas apropiadas que nos ayudan a difundir y crear cultura fotográfica. Seguimos insistiendo, pero ¿Por qué lo hacemos?
Es una pregunta tajante y de múltiples respuestas. En nuestro caso, insistimos porque creemos en lo que hacemos, creemos en la transmisión de lo fotográfico en todos sus sentidos -a todos los niveles-. Es por ello por lo que planteamos abrir una vía en la que extender los ejercicios de autores en pleno “crecimiento creativo” –sin condicionantes previos-. Vía materializada a través de una publicación adecuada a estas necesidades, que se apoya con la exhibición del trabajo del artífice seleccionado. De este modo, ponemos solución a los problemas de un significativo contingente de realizadores que no encuentran el reducto, o la oportunidad apropiada, para mostrar sus obras. En este contexto, bajo el título “Espacio Momentáneo” reunimos a fotógrafos con diferentes cualidades conceptuales que, sin embargo, encuentran su punto de unión en el heterogéneo discurso en el que se mueve la fotografía de reportaje actual. Así, en todos los ejercicios que recoge este foro subyace la documentación de la “realidad” como principio inquebrantable de desarrollo, lógicamente filtrado por el subjetivismo de cada realizador.

Centro Histórico Fotográfico de la Región de Murcia CEHIFORM





El discurso controlado

Trinidad García Mondéjar (Molina de Segura, Murcia, 1979) pertenece a la generación de fotógrafos formados en los primeros años del siglo XXI en Murcia. Generación fotográfica que
conoce a la perfección el discurso de la imagen en todos sus sentidos, aproximándose a él con la importante libertad que ha acumulado este medio a finales del siglo XX para contar historias subjetivadas por el “yo” del autor. Son fotógrafos independientes, con lo que en su trabajo no se encuentran deudas ni cánones preestablecidos, sino acercamientos autónomos que beben libremente y recuerdan, en ocasiones, a discursos atemporales de la historia de lo fotográfico. En este contexto, en su quehacer se hallan concomitancias, relaciones y coherencias que transitan en ese mundo íntimo, a modo de diario personal, en el que camina el documentalismo fotográfico. Así pues, las imágenes presentadas en esta edición son el resultado esencial de una mirada concertada entre el asistente productor y un espacio en pleno cambio argumental.
Su estancia en Tanzania como voluntaria en talleres de arte, en 2008, propicia una visión cercana en sus manifestaciones, lo que las convierten en testigo directo de su propia experiencia vital. Luego todas las realizaciones que componen este trabajo no son inventadas ni articuladas artificialmente, sino percibidas en primera persona mediante una convivencia íntima en un periodo de tres meses en el territorio. Precisamente, este ejercicio se establece con una mirada descontaminada de lo colonial –separada de la idea de lo exótico, de la miseria o de lo folklórico, que aún hoy prevalece en ciertas representaciones–. Una mirada que cuenta historias universales, y a la vez privadas, con validez en cualquier momento y lugar. En este aspecto, observa cómo observan los incondicionales del “documentalismo” más puro, creando composiciones correctas, sencillas, pero con una gran carga conceptual, que introduce lo representado en las regiones reflexivas de la creatividad.
Como consecuencia de lo expuesto, mediante una presencia involucrada, Trinidad nos retrotrae a un pedazo del cosmos real, a un espacio directo que existe en ese mundo de todos y de nadie. Lugar expresado como un recordatorio de la vida en el más allá de la frontera –en lo lejano–, donde el tiempo se paró en un instante pasado para caminar, actualmente, a pasos agigantados con la intención de nivelarse con el resto de las sociedades –pese a ser, evidentemente, una utopía complicada–.

Es en ese concepto de memoria, de no dejar que la huella se borre con el tiempo, donde hacen hincapié las diferentes expresiones de estas imágenes, conservando en la composición el momento para acercarnos a ese otro territorio vivido e irreconocible, en muchas ocasiones, para nuestro concepto de vida. Todo ello, bajo la idea de resaltar el espacio de dignificación y derechos de coexistencia, de vida propia.
Las miradas, los rostros, no interrogan ni acusan, sino que simplemente disfrutan de la presencia del ser, sea lo dura que sea. Así se vive, se revive, en las áreas apartadas del círculo global (comercial y bancario), en el que sustentamos nuestras creencias, y ya nuestra “cultura ancestral”. Y como una reivindicación personalizada nos sitúa en el contexto de la razón con una visión coherente y precisa del entendimiento de la imagen como testigo –y a la vez documento subjetivo–, que se apoya indiscutiblemente en importantes discursos, ya clásicos, de la historia de la fotografía.
En este caso, todo el conjunto gira en torno a la infancia como gran protagonista, aspecto concreto por el que la autora se sintió atraída en su estancia. De este modo, la niñez en Tanzania se convierte en significado y significante, en elemento en el que posar toda su narrativa, recurriendo a la idea de que la “belleza” se encuentra en todas partes pese a los condicionantes extremos de la propia existencia. En este sentido, apartándose de la imagen banal construye, a través de ellas, un mundo sin idealizaciones, sin exotismos, pero de gran belleza, en el que la vida con una gran dulzura natural es un trasunto sin ficciones.

Centro Histórico Fotográfico de la Región de Murcia, CEHIFORM.